La niña de seis años recordaba a su abuela con cariño. Su madre la llevó a su casa y le dijo:
—Ya ves, la abuela se ha ido.
— ¿Por qué se fue?
— Porque llegó a su destino— respondió la madre.
—¿Y qué es el destino?
—El final de un trayecto.
— ¿Y qué hay al final?— preguntó la niña.
—No sé, hay un muro de niebla que nadie puede atravesar, si su camino no se ha acabado.
— Mamá ¿por qué el camino se acaba?
— En cierto modo, todos los caminos tienen un final.
— Pues yo encontraré uno que continúe.

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